Reflexiones,  Vida cristiana

¿Yo, hijo de Dios? ¿Cómo?

Cuando pensamos en ser hijos, ¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente?

Puede ser la imagen de una mama que cuida a su hijo enfermo, un papá  que juega con su hijo o la imagen de una abuela que consiente a su nieto preferido.

Muchas veces nuestra experiencia de sentirnos hijos no es por vía materna o paterna, sino de otros lados.

La persona que te escuchó cuando lo necesitabas, la que te acompañó en los momentos más difíciles de tu vida o esa persona que es cercana a ti. 

La que se preocupa por ti aun cuando no hay motivos para que lo haga.

Estos son algunos recuerdos de imágenes cuando pensamos en qué significa ser hijos. Pero cuando nos dicen:

¿Qué significa ser hijos de Dios? ¿Qué contestarías?

Algunos dirían:

Pero mira soy un pecador, he hecho esto o aquello, ¿cómo puedo ser hijo de Dios?

Un hijo de Dios debe ser perfecto.

Otros dirán: 

Si claro que soy hijo de Dios. Él ha muerto por mí y me llamó su amigo.

En muchos sentidos estas dos posiciones un poco opuestas tienen algo de verdad o quizás mucha.

¿Qué es ser hijos de Dios?

Vamos a profundizar en la dignidad de ser hijos de Dios. Lo haremos recorriendo algunas citas de la Biblia más importantes sobre el tema. 

Esta es una actitud que al final nos alejan de algo tan grande como la filiación por adopción divina.

En el antiguo testamento Isaías dice:

“Yo te crié como viña mía escogida por mi” (Isaías 5,1)

Es un primer principio de la filiación de hijos por parte de Dios.

Es el mismo que nos dice:

“Eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Salmo 2,7)

Todo parte de la preocupación de Dios por su pueblo.

Les dio jueces, caudillos, profetas, reyes para guiarlos y castigarlos como verdadero Padre (Ap. 3,19).

Les dio de comer en el desierto aun cuando dudaron de Él. Les dio seguridad, les dio prosperidad.

También les castigó por su aptitud y su duro corazón.

Son memorables las palabras de Dios cuando en el libro del Deuteronomio recordando al pueblo de Israel Moisés le recuerda la pueblo las palabras de Dios cuando dice:

“Con vara y cayado les castigué, pues corrijo a quien amo” (Dt 8,… y Ap. 3,19)

“Con vara y cayado les castigué, pues corrijo a quien amo” (Dt 8,… y Ap. 3,19)

¿Dios castiga?

Esta última es fuente del amor de Dios.

Como buen Padre corrige, porque no desea ver su hijo por el mal camino.

El profeta Ósea nos revelara también la tarea de Dios como Padre:

“Desde que Israel era niño, yo lo amé” “Yo fui quien enseñó a caminar a Efraín; yo fui quien lo tomó de la mano. Pero él no quiso conocer” (Oseas 11,3)

Podemos seguir dando cualidad del amor de Dios en el antiguo Testamento.

Es tan grande su amor que le lleva a decir

Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo nunca te abandonaré” (Salmo 27,19)

Esta son las palabras de un Dios cercano. Un Dios que como decía el salmista

“Desde nuestra juventud me instruiste en tus mandamientos” (Salmo 70,1)

No es un Dios lejano el innombrable sino el Dios que es amor y que solo nos sabe amar.

Un Dios que se preocupa siempre por sus hijos

“Haz esto y vivirás”

“Los mandamientos que te doy no son difíciles o lejanos”

Un Dios que no quiere que sus hijos se olviden de sus mandamientos:

“Escucha Israel” (Lc 10,25-37;  Dt. 30,11)

Esta fue una faceta de Dios que solo con la encarnación de Cristo en María se puede comprender.

La gran revelación de Cristo y por lo que le condenaron es que se decía y, efectivamente lo es, Hijo de Dios.

Antes esta concepción de Dios como Padre era inconcebible, impensable.

“No te queremos apedrear por tus obras, sino porque te dices Hijo de Dios” (Jn. 10, 31-42)

La gran revelación de Nuestro Señor es Dios como Padre:

“Padre Nuestros…” (Mt. 6,9) Abba Padre (Gálatas 4,6) Padre voy a ti, tú me los has dado y son tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn. 17).

Nuestro Señor Jesús no solo lo dijo con palabras, él mimo buscaba momentos para estar con el Padre a solas:

“Despedide la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mt.14,23)

Se han preguntado: ¿cómo sería la conversación de Jesús con Dios?

Yo creo que esa unión de Padre e Hijo, el Padre mira al Hijo y el Hijo mira al Padre en un gesto de eterno amor. ¿Qué se dirían? Le diría algo o solo: 

 Silentium meum Patrem tibi loquietur. Mi silencio te habla Padre.

Abba Padre (Gálatas 4,6) Padre voy a ti, tú me los has dado y son tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn. 17).

Jesús nos manifestó una de las facetas sobre ser hijos que hoy nos puede alumbrar y enseñar mucho:

“Quien me ve a mí, ve al Padre”

“Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”

Las dos las llevó hasta el extremo de mostrarnos el amor del Padre al darnos a su hijo

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Jn. 3,16)

Solo pensarlo o imaginarlo me hace ponerme “chino” y decir

¿Qué puedo yo hacer?

La respuesta depende de cada uno de nosotros. Como hemos visto, tanto en el antiguo como en el nuevo testamento se nos muestra a Dios como Padre.

Él a pesar de las vicisitudes humanas nunca nos ha dejado. Nos guía, nos conduce y en especial nos cuida como buen Padre.

¿Seriamos capaces de negarle? ¿Seremos capaces de dar la espalda a tan grande amor? ¿Seremos capaces de cerrar los ojos, la boca y los oídos para seguir igual que antes?

Yo creo que no. La respuesta es personal. Ahora nos corresponde a nosotros decir: “me animo”.

Ahora te toca a ti. 

“¿Pedro, me amas? …

Vengo de una familia católica donde aprendí desde mi niñez a alimentarme con la palabra de Dios. Fue Jesús el que me dio a lo largo de mi vida la fuerza, la protección y la alegría de su Espíritu para que a su lado me preparara para ser suyo. Como religioso Legionario de Cristo, me encuentro muy contento con muchas ganas de seguir adelante confiando en Dios. Tengo una gran ilusión de convertirme, por gracia de Dios en discípulo y apóstol servidor.

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