Espiritualidad y Noticias Católicas

Conoce, vive y transmite ti fe católica.

Reflexiones sobre un año más viejo (Cumpleaños H. José Luis, L.C.)

Hacen ya unos días en que he estado pensando y meditando delante de Dios lo que significa tener 25 años.

Debo ser sincero y confesar  que al inicio el llegar a esta edad no ha sido fácil de superar. No es la crisis típica de un adolecente, sino la reflexión madura de un hombre, que esta por dejar la edad de la inmadurez y de los cambios repentino, para poder entrar en a la edad de la decisión, ósea la reflexión de un hombre que esta por entrar en la edad adulta.

Hablando sobre esto con Nuestro Señor Él me ha hecho comprender que en mí estos 25 años han sido de mucho crecimiento y, en especial, han sido 25 años donde he experimentado su misericordia, su ternura y su mano que me han guiado y me han dado fuerza para seguir en el camino.

Durante estos años y, en especial, hace 10 años que sentí por primera vez mi llamado he sido testigo de numerosas caídas y en especial de numerosas “porras” que Dios me ha dado invitándome a levantarme.

Han sido años donde el valor, que he aprendido y he experimentado, es estar cierto de que en lo que haga, el Señor me ha guiado y sostenido con sus manos, me ha hablado y visto con otros ojos.

Con su mano me ha guiado por senderos que nunca pensé recorrer no dejándome solo, sino al contrario me ha acompañado. Y tengo la seguridad que si hay algo que pueda ser seguro hoy es solo confiar en las manos del Señor.

Fueron las mismas manos que guiaron a Moisés para sacar a su pueblo de la esclavitud, así como el Santo Patriarca, quiero y pido a Dios que esas manos me sigan guiando ha realmente sacar a las personas que ponen en mi camino y así llevarlos a él.

Como seminarista he experimentado también su vos. He escuchado su dulce voz que como suave brisa me ha hablado mostrándome un nuevo camino a su lado.  Esa voz que no es la voz de alguien que impone algo, sino alguien que, con paciencia y comprensión, te invita a estar con él.

Me ha visto con otros ojos que no son los ojos del mundo y de la sociedad que se empeña en ver siempre lo malo o lo equivocado para criticar, sino todo el contrario, me ha visto con ojos puros que han enamorado mi corazón y me han seducido.

Hace poco he leído un libro sobre el sacerdocio en el que el autor reflexionaba sobre el origen de la vocación y ponía la pregunta sobre la capacidad del hombre o del elegido de responder.

Leyéndolo me di cuenta que un reto, para los años que me quedan, será aprender ver a Cristo y en cada persona que este o trate conmigo.

Viendo ya estos 25 años y los caminos por los que juntos hemos caminado y por donde me ha conducido, una gracia que ahora pido y les pido me ayuden a pedir es tener los ojos de Cristo y ver el mundo como él lo ve para saber comprender, guiar y enseñar a ejemplo de nuestro Maestro.

Debo agradecer primeramente a mi familia. Mi mamá que desde que quedó embrazada de mí supo sacarme adelante, aunque yo representara para ella un grande obstáculo. Gracias mamá porque, aunque te tocó ser mamá muy joven, fuiste valiente para seguir caminando y hoy yo puedo escribirte estas palabras.

Gracias a mi hermano Alberto que fue mi compañero de juego y gracias a mis hermanas. Todas son importantes y cada una me ha marcado con su personalidad propia.

Gracias a mi abuela Sabina por haberme sacado adelante y apoyado en los estudios. Gracias por enseñarme el don de la fe y el amor por lo sagrado. Gracias a mi tía Ana por ser otra mamá para mí.

Agradezco a las personas que al largo de estos años me han ayudado en mi formación. Gracias a su apoyo he podido continuar mi formación sacerdotal. Con sus oraciones me han enseñado y recordado que mi formación ahora está orientada para estar a su servicio.

Les agradezco de manera especial además a todas las personas que en las redes sociales me han escrito felicitándome. Debo ser sincero y decir quien no termino y corro el riesgo de olvidar a algunos, por esto solo les digo gracias.

Además, agradezco a mis hermanos legionarios, porque me han enseñado lo que soy. Por ustedes hermanos, soy el hombre que soy. Agradezco a mis formadores de estos 5 años que llevo en la Legión; el P. Jorge, el P. Manuel, el P. Blaise, el H. Mario, el P. Jesús y ahora mi formador que me ha ayudado muchísimo el P. Alberto Siman, LC a comprenderme y comprender a los demás.

Debo agradecer a aquellos hermanos que además de ser miembros de mi familia legionaria representan para mi grandes amigos el H. Alfonso, el H. Sixto, el H. Dener, el H. Gringo J Daniel Visser, el H. José David, el H. Jeremías y a todo mi equipo de perseverancia.

Dios les bendiga siempre. Su hermano en Cristo, H. José Luis María Martínez, L.C.