Reflexiones,  Sacerdocio,  Vocación

¿Qué le pasó a mi primo seminarista?

Claves para comprender la vocación de un familiar o amigo seminarista

¿Partamos explicando qué es un seminarista o un religioso?

Son un grupo de jóvenes que estamos en preparación hacia nuestra vida sacerdotal.

Por lo tanto, estamos estudiando para ser sacerdotes de Jesucristo.

Somos conscientes de la necesidad de trasmitir todo aquello que hemos recibido gratis como regalos de Dios.

El seminarista siente en su corazón la necesidad de impulsar a más la Iglesia.

Quiere ayudar a sus familiares y amigos en la vivencia de su fe.

Por esto, algunos dirán:

“pero que “cursi” se ha vuelto mi primo sacerdote”.

Es que realmente él no puede hacer otra cosa más que hablar y escribir de aquello que vive y experimenta cada día.

Lo hace todo con el fin de que las personas que le ayudaron a que naciese en él la vocación la vivan con él. Y quiere que al final se impulsen a compartirla a los demás.

Un seminarista más que ninguno otro por ser llamado quiere cumplir el mandato del Señor:

«Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído» (Lc 7,22)

Así que no nos extrañemos si tenemos un familiar o un amigo, que entra en el seminario o a alguna congregación religiosa, nos quiera hablar todo el tiempo de Dios y de la Virgen.

Esto es completamente normal. Debemos sentir extrañeza cuando no lo hace o incluso cuando habla de  cosas más de un laico que de un seminarista.

¿Cómo es mi primo o mi familiar religioso y seminarista?

Él lo único que desea como joven es no perder de vista el horizonte hacia dónde o por qué se está formando.

Siempre el pueblo de Dios está presente en su mente y en su corazón.

No busca anhelos o poder. Busca solo servir a su pueblo.

Son tan ciertas aquellas palabras de la carta a los hebreos:

“Es un hombre tomado de entre los hombres para servir a los hombres”.

Resuena en él las palabras del documento de la Congregación para el Clero: Ratio fundamentalis sacerdotalis.

En ella se dice que

“El sacerdote sale de una comunidad, entra en otra comunidad que es el seminario y sale a servir a comunidad de donde salió”.

¿Deja de ser joven o deja de ser mi familia?

Claro que no, al contrario, él se siente más pleno incluso que ningún otro hombre.

Es libre de amar a cualquiera, de amar a todos sin apegar el corazón a nadie.

Como jóvenes sentimos la necesidad como cualquier otro amar y ser amado.

Siente la necesidad de hacer deporte, le apasiona el fútbol, de seguro sigue las estadísticas de la Champions o incluso práctica algún deporte que le apasiona.

Tranquilo tu amigo o familiar sacerdote o seminarista no deja de ser tu primo.

Es ahora un sacerdote o un seminarista, pero él no ha cambiado en nada. Él más que nadie necesita que le estés cercano.

Necesita que le ayudes a transmitir los contenidos de su fe en ti de una manera diferente y bien presentada, porque él la está viviendo de otra manera.

Su corazón siente con el Corazón de Jesús.

Llora al ver al mundo como está. Él se atreve a ver el mundo con otros ojos, como lo haría Cristo y, como a Él, se le estremece el corazón.

¿Cómo le podemos ayudar?

Surge en ahora la pregunta: ¿cómo podemos ayudar? ¿en qué podemos poner una mano al servicio del Señor?

No se preocupen también él se hace esta pregunta en su propia vida. Él se pregunta

¿Cómo lo puede hacer si las sociedades muchas veces se empeñan a encerrarlo en las sacristías y bajos ciertos ámbitos?

Él responde buscando transmitir lo que su corazón lleva en su interior.

Un corazón lleno de amor y de aventuras, con experiencia y ganas de vivir. Lleno de fe y una carga fuerte de esperanza.

Esto es lo que busca, transmitir lo que Dios nos ha dado por medio de el don de su vocación presbiteral.

¿El camino al sacerdocio en la vida sacerdotal?

El seminarista lo siente en un momento preciso de su historia con el Señor. Una voz profunda que no se escucha con los oídos humanos, sino con los oídos del corazón.

La voz del Señor es como una voz suave que lo sedujo y que muchas veces ha intentado apagar, pero

había un fuego ardiente en su interior que no se lo permitía. (Cfr. Jr. 20, 7-9)

He aquí que el busca dar, a todos, el don de la propia vocación. Busca transmitir lo que el Señor le ha dicho al momento de llamarlo

«Es poco que seas mi siervo» (Is. 15, 49)

«yo te he plasmado desde el seno materno» (Is. 3, 5-6).

Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes» (Is. 42, 6)

Vengo de una familia católica donde aprendí desde mi niñez a alimentarme con la palabra de Dios. Fue Jesús el que me dio a lo largo de mi vida la fuerza, la protección y la alegría de su Espíritu para que a su lado me preparara para ser suyo. Como religioso Legionario de Cristo, me encuentro muy contento con muchas ganas de seguir adelante confiando en Dios. Tengo una gran ilusión de convertirme, por gracia de Dios en discípulo y apóstol servidor.

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