Pensamiento del Papa Francisco para el periodo de Adviento

Papa Francisco

¿Qué es el Adviento en la Iglesia Católica?

El N° 524 del Catecismo de la Iglesia Católica dice que cuando los católicos celebramos la liturgia de adviento

«la Iglesia actualiza la espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida (cf. Ap 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3, 30)».

Catecismo de la Iglesia Católica

Ahora al comienzo del tiempo de adviento presentamos una serie de extractos del Ángelus del papa Francisco sobre este importante tiempo litúrgico. Si no sabes que es un Tiempo Litúrgico sigue este enlace.

Por lo demás a continuación esto es lo que piensa el papa sobre el adviento:

El adviento como un camino: I Domingo de Adviento, 1 de diciembre de 2013

Adviento
El adviento tiempo de espera

El adviento es un camino del Pueblo de Dios con Jesucristo, que nos guía en la historia hacia la realización del Reino de Dios. El adviento nos hace experimentar un sentimiento profundo del sentido de la historia. Redescubrimos la belleza de estar todos en camino: la Iglesia, con su vocación y misión, y toda la humanidad, los pueblos, las civilizaciones, las culturas, todos en camino a través de los senderos del tiempo.

¿En camino hacia dónde? ¿Hay una meta común? ¿Y cuál es esta meta?

El adviento es una peregrinación universal hacia una meta común. Este camino no se acaba nunca.

Así como en la vida de cada uno de nosotros siempre hay necesidad de comenzar de nuevo, de volver a levantarse, de volver a encontrar el sentido de la meta de la propia existencia, de la misma manera para la gran familia humana es necesario renovar siempre el horizonte común hacia el cual estamos encaminados. ¡El horizonte de la esperanza!

El adviento tiempo de espera: I Domingo de Adviento, 3 de diciembre de 2017

Fano, Diócesis de Málaga

El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo.

Él (Cristo) regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando haremos memoria de su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y a los muertos». Por eso, debemos estar siempre alerta y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo.

La persona vigilante es la que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la desilusión; y al mismo tiempo rechaza la llamada de tantas vanidades de las que está el mundo lleno y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar.

Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, narrada por el profeta Isaías: Dios parecía haber dejado vagar a su pueblo, fuera de sus caminos (cf. 63, 17), pero esto era el resultado de la infidelidad del mismo pueblo (cf. 64, 4b). También nosotros nos encontramos a menudo en esta situación de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos muestra el camino bueno, el camino de la fe, el camino del amor, pero nosotros buscamos la felicidad en otra parte.

El adviento un tiempo para despertar del sueño de la indiferencia: I Domingo de Adviento, 1 de diciembre de 2019

Fano, Diócesis de Málaga

El Adviento es el tiempo para acoger la venida de Jesús, que viene como mensajero de paz para mostrarnos los caminos de Dios.

Jesús nos exhorta a estar preparados para su venida: «Velad, pues, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor» (Mt 24,42). Mirar no significa tener los ojos materialmente abiertos, sino tener el corazón libre y orientado en la dirección correcta, es decir, dispuesto a dar y servir. ¡Esto es despertar!

El sueño del que debemos despertar está constituido por la indiferencia, por la vanidad, por la incapacidad de establecer relaciones verdaderamente humanas, por la incapacidad de hacerse cargo de nuestro hermano solo, abandonado o enfermo.

Que María, la Virgen vigilante y Madre de la esperanza, nos guíe en este camino, ayudándonos a dirigir nuestra mirada hacia el «monte del Señor», la imagen de Jesucristo, que atrae a todos los hombres y a todos los pueblos.