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María, ¿a quién buscas?- Mensaje de Pascua

Mensaje de Pascua

Acabamos de terminar la semana Santa. Donde con oraciones y con actos de cercanía hemos acompañado a Dios Nuestro Señor en su caminar hacia la cruz.

El canto que resonaba era ¡Oh cruz fiel, fuente de nuestra salvación!

Ahora, nos alegramos y festejamos con gran gozo la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Y cantamos ¡Oh muerte donde está tu victoria, donde está tu aguijón!

Ambos son expresiones del misterio más grande de nuestra fe. Dios que envío a su hijo para rescatarnos a nosotros.

En hebreo el termino zikkaron (termino que también usa Jesús en su mandato en memoria mía), no se limitaba a evocar o recordar los hechos salvíficos del pasado, sino que los actualizaban en el momento presente.

Así, al momento de celebrar la Nueva y verdadera Pascua, no solo celebramos el hecho que Jesús resucitó y está en medio de nosotros, sino que actualizamos y revivimos el misterio pascual, ósea la Pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Con palabras del papa Francisco, es “ser memorioso”, ósea recordar y volver a vivir lo esencial de nuestra fe. Recordar lo “tanto (que) amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo”.

Este es el verdadero sentido de la Pascua cristiana que perfecciona y actualiza la pascua de la antigua alianza. Nos recuerda que Nuestro Salvador no solo murió, sino que resucitó por nosotros.

En este mensaje me gustaría reflexionar en el papel de una mujer, María Magdalena.

Yo siempre he pensado: ¿por qué la escogió ella? La escogió para que fuera la primera en anunciar el Kerigma, ósea que Cristo que había muerto ha resucitado.

La respuesta pienso son las mismas palabras del Señor “porque ha amado mucho”. Ella amaba a su maestro y esto la impulsó a ser la primera en llegar a la tumba para darle todos los cuidados a la persona que amaba.

¿Cómo fue este encuentro?

El papa Benedicto XVI dice que “los encuentro con el resucitado son algo muy diferente a las experiencias místicas”[1]. Donde el alma se eleva a un mundo divino y eterno para luego regresar a su mundo.

El encuentro con Cristo resucitado, según el papa, es un encuentro con una persona que se acerca desde fuera. Así, la experiencia de María Magdalena no fue fruto de una experiencia mística, sino fue fruto del amor. Jesús vivo que se acerca y la hace mensajera.

Esto lo prueba el hecho de que María no reconoció al Señor cuando le habló.

Cristo está vivo

Veamos cómo y cuál fue el camino que María Magdalena recorrió para merecer tan grande dicha. De ser la primera en anunciar, mas no la primera en verlo. Yo sostengo que como buen Hijo preocupado por su Madre (Jn.   ) se abra presentado primero a ella.

Es un camino que también es el resumen de esta semana que acaba de terminar y la que acabamos de comenzar.

María llora la muerte de su amado. Llora la muerte de su maestro. Ella que acompañó a la Virgen en su dolor, la acompaña también con el llanto.

Nosotros hemos acompañado a María en su camino y hemos llorado la perdida de nuestro Señor. Como María Magdalena entramos con Él en Jerusalén en el Domingo de Ramos. Hemos gritado ¡Hosanna al Hijo de David!

El jueves santo hemos celebrado con Jesús la cena y hemos sido testigos como lo fue María de la institución del sacerdocio junto al mandamiento del amor.

El viernes santo hemos participado en la celebración de la Pasión, hemos hecho el viacrucis y hemos adorado el madero de donde el tendió. Hemos llorado y vivido con Cristo su pasión y su dolor.

Hemos escuchado las palabras “hijo ahí tienes a tu Madre, Madre ahí tienes a tu hijo” y juntos la hemos llevado con nosotros.

María Magdalena la que sirve

Ahora nos acogemos a María que lleva aromas para aun después de la muerte continuar sirviendo a su amado.

Nosotros con ella queremos también servir y queremos hacer un mayor servicio que es acompañar a la Madre de los dolores.

Por esto, ella se ve recompensada. Por su amor, por sus lágrimas y por su servicio se ve convertida en mensajera de un mensaje, que al igual que la Virgen, no terminaba de comprender.

Ahora nos toca a nosotros. Nos toca alegrarnos de que Cristo está vivo y que con su sangre fuimos salvos. Ya no hay más duda y no debe haber temor.

Cristo está vivo. Seamos mensajeros como María de este grande anuncio.

“Tú crees, porqué me has visto. Dichosos los que creen si haberme visto nunca”

Les deseo una muy feliz Pascua. Que Cristo resucitado sea quien con su vida nos enseñe como “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Que Cristo nos enseñe a amar y ser amados. Bendiciones.

Roma, 1 de abril de 2018

José Luis Martínez, L.C.

[1] Benedicto XVI Jesús de Nazareth II