Reflexiones,  Vida cristiana

Hemos sido creados para volar

En nuestro viaje de la vida espiritual. Si no logramos establecer una amistad entre nosotros y Nuestro Señor Jesucristo , no lograremos ganar altura. Para unirnos a Él, tenemos que separarnos de la tierra y si no nos desatendemos del mundo, nuestra vida resulta un desperdicio sin esperanzas.

Cuando estamos con Cristo la realidad es diversa. Somos capaces de volar y de atrevernos a surcar los aires sin miedo. Nos toca tomar la decisión de decir: ¡me abandono en tus manos Jesús!

¿Es posible para un avión llegar a su fin sin una ayuda?

Esto no lo podemos hacer solos. Necesitamos de un padre espiritual, de un confesor, de un consejo, de alguien que nos escuche, que nos dé una mano.

En caso contrario, si preferimos seguir llevando nuestra vida como siempre: “de todas maneras, vamos a la buena; trabajando, luchando, siempre adelante”.

Nos estamos ilusionando en vano. Nuestra vida se convierte en un aeroplano que gira sobre la pista sin nunca atreverse a aterrizar por el miedo a estrellarse.

Los controladores le preguntarán al piloto: ¿qué sucede? El responderá: me preparo para aterrizar. Gira y gira sin nunca atreverse a dar el paso a aterrizar o a surcar el basto horizonte azul ante sus ojos por el miedo y por no dejarse guiar.

¿Y yo qué?

Nosotros al igual que el piloto estamos hechos para volar y  ya debemos partir. No hay que quedarse arrastrándose sobre la tierra.

Debemos alzare el vuelo que quiere decir: conocer a Cristo y sumergirse en Él. Es entablar una amistad profunda con Él.

Si esta no existe, HEMOS OLVIDADO QUE FUÍMOS CREADOS PARA LA ETERNIDAD.

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H. Freddy Contreras, L.C.

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