Por Miguel Hernández L.C.

            El presente trabajo quiere examinar si es necesario la presencia de los amigos para consecución de la bienaventuranza. Busca hacerlo a la luz de la doctrina que Santo Tomás presenta en el artículo ocho de la cuestión cuatro de la prima secondae.

Imagen por Fidel Alejandro Llinás Zurita, Doctor en Filosofía Universidad Santo Tomás de Aquino USTA.

            Al inicio del artículo el santo presenta las razones por las que parece necesaria la presencia de los amigos para la consecución bienaventuranza.

En primer lugar, menciona la autoridad de la escritura, la cual en ocasiones designa la bienaventuranza con la palabra gloria. Ahora bien, si la bienaventuranza se identifica con la gloria significa que necesita lo mismo que ella para realizarse, pero como la gloria requiere para realizarse que muchos conozcan la bondad de uno, la bienaventuranza también, por tanto, también la bienaventuranza necesita la presencia de los amigos.

En segundo lugar, cita la autoridad de Boecio el cual dice que

“ningún bien sin compañía es posesión grata”.

Más como la bienaventuranza requiere la delectación requiere también la compañía pues según ha dicho Boecio sin esta aquella no sería grata.

En tercer lugar, dice que la caridad se perfecciona en la bienaventuranza, pero la caridad requiere el amor a Dios y al prójimo, por tanto, se requiere la presencia del prójimo para poder amarlo.

            Luego el Santo, recurriendo de nuevo a la autoridad de la escritura, presenta un argumento que contraría los anteriores. La cita que ofrece dice así:

“con ella me vinieron todos los bienes”.

En el texto citado se habla de la sabiduría divina, la cual consiste en la contemplación de Dios. Ahora bien, si con ella me vinieron todos los bienes significa que también con ella me vino la bienaventuranza, que es un bien; por tanto, para que se realice la bienaventuranza no se requiere sino la contemplación de Dios que en sí misma no incluye la presencia de los amigos.

De la película «El Principito» basada en el libro original de Antoine de Saint-Exupéry

 Solución

En su respuesta, Santo Tomás comienza distinguiendo entre la felicidad de la vida presente y la felicidad de la vida futura. Para alcanzar la felicidad de la vida presente el hombre tiene necesidad de la presencia de los amigos, más esto no se da ni por utilidad, ni por delectación, pues por un lado él se basta a sí mismo y por el otro tiene en sí mismo la delectación completa en la operación de las virtudes.

Sin embargo, la necesita para obrar el bien, es decir, para hacerles el bien, para que al verlos le agrade hacerles el bien y para que le ayuden a obrar el bien pues a juicio del santo el hombre necesita el auxilio de los amigos tanto para las obras de la vida activa como para las de la vida contemplativa.

            Por otro lado, si se habla de la felicidad de la vida futura se debe decir que esta no requiere en sí misma la presencia de los amigos porque el hombre tiene en Dios su máxima perfección y su bienaventuranza. Sin embargo, la compañía de los amigos contribuye al bien ser de la bienaventuranza, aunque solo extrínsecamente.

Puesto que dice San Agustín:

“para ser bienaventurada la creatura espiritual solo es ayudada intrínsecamente por la eternidad la caridad y la verdad del Creador”.

Pero extrínsecamente se puede decir que la presencia de los amigos colabora en la bienaventuranza ya que se ven mutuamente y se alegran de su compañía en Dios.

Por tanto, podemos decir que, aunque la presencia de los amigos no es esencial para consecución de la bienaventuranza, hace que esta sea en cierto modo más feliz.

Por el Reino de Cristo a la Gloria de Dios

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