La monotonía del seguimiento de Cristo

Los recuerdos de un sacerdote

La monotonía se da en quienes siguen a Dios. Muchas veces, los sacerdotes y los seminaristas sienten cosas que solo ellos llevan en su corazón. Entre ellas la monotonía en el seguimiento del Señor.

Recuerdan que vacilaron en responder. Tanto tiempo, recuerdan, Dios los llamó y ellos dudaron.

Ahora postrado en  presencia de Dios quieren ver con claridad su voluntad.

El señor los ha llamado a ser sus consagrados para siempre. Él lo has llamado a seguirle hasta la cruz, sacrificios y oraciones no les pide. Él quiere sus corazones hoy y siempre.

Han pasado muchos años desde su consagración.

Aun hoy resuenan aquellas palabras que de rodilla pronunciaron y marcaron sus vidas y toda su existencia:

«Quiero» 

Convirtiéndolo en un consagrado, posesión de Dios, dedicado a Dios solo a su culto de Dios, solitario y objeto de su amor y cercanía.

Los años han pasado y el tiempo corre con monotonía.

El mundo con sus artimañas pasa, pero el señor Jesús nunca cambia.

Es siempre el mismo. Ahora al recordar un poco sus años de anhelos infantiles se dicen:

¿Cuántos años han pasado desde la primera vez? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se atreví y tuve la valentía de decir a mi familia «quiero ser sacerdote»?

Aquellos años de niño cuando en su parroquia acolitaba en las misas de la mañana.

Las visitas a la virgen inmaculada. La comida y el compartir con los hermanos del seminario.

Donde decían:

Señor muéstrame el camino que debo de seguir, ilumina el sendero que me llevará hasta ti.

Aquella ilusión de poder entrar en él y no poder.

Aquella lucha por conservar su vocación en medio de una sociedad que busca lo más fácil, una sociedad que ha olvidado su creador.

Muchas veces, las injurias y las incomprensiones por querer ser sacerdote al final le ayudaron a perseverar.

El dulce recuerdo

Ahora recordando todo, le dicen a Dios:

Tú has estado conmigo, porque me guiaste. Soy consciente de que muchas veces me equivoque. Me olvidé de lo que en realidad es primero. Busqué los placeres del mundo, las vanidades, el tener, el poseer, el amor humano.

Muchas veces se encerraron en si mismos buscando ser ellos mismos. Por ser diferentes se dejaron llevar por las pasiones del corazón y poco a poco el anhelo sacerdotal se fue apagando.

Fueron quedándose allí sin que nadie los rescate. Ahora comprenden todo. Comprenden que era necesario todo eso.

Si no hubiera sido así en medio de tanto desastre y olvido, el Señor no hubiera mantenido ardiendo esa llama de fuego en el corazón.

Ellos lo sentía, pero muchas veces intentaron apagarla. Sentía palabras en el corazón.

Eran como las del profeta:

Me sedujiste Señor, pero yo me deje seducir.

O como el profeta Ósea:

Con lazos de amor te atraía a mí.

En adelante ya no tienen otro deseo, solo quieren estar con Cristo, en adelante ya no quieren otro deseo, sino solo a Cristo.

Ahora realmente se da cuenta de lo mucho que son amado. Así aquella ilusión, firme decisión que siendo niño sintieron ha sido confirmada. Se mantienen allí.

Quieren permanecer sacerdote y pastor por el bien de sus hermanos.

José Luis Martínez, L.C.

Vengo de una familia católica donde aprendí desde mi niñez a alimentarme con la palabra de Dios. Fue Jesús el que me dio a lo largo de mi vida la fuerza, la protección y la alegría de su Espíritu para que a su lado me preparara para ser suyo. Como religioso Legionario de Cristo, me encuentro muy contento con muchas ganas de seguir adelante confiando en Dios. Tengo una gran ilusión de convertirme, por gracia de Dios en discípulo y apóstol servidor.

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